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Reducir el estrés diario es posible

Si estás leyendo estas líneas es porque estás viviendo o has vivido un momento de estrés en tu vida que no has sabido manejar, y eso, te ha producido un gran malestar: dolores de cabeza, malestar estomacal, insomnio, problemas en la piel… Incluso, habrás intentado más de un método de eliminar ese estrés, pero te has encontrado con que, en vez de reducir, ese sentimiento de malestar aumentaba. Durante tu vida has hecho lo mejor que has sabido para vivir con ese estrés. Seguramente, algunas de las estrategias que has usado te han funcionado y otras no tanto. Estas últimas, incluso te han hecho sentir más estrés y malestar que al principio, y esto, es normal. Se debe a la propia trampa del estrés, que aparece cuando nos estresamos por estar estresados. Paradójico, ¿no?

¿Qué es el estrés?

En cambio, los factores estresantes externos, son todos aquellos elementos externos a nuestro cuerpo que nos causan estrés. Para cada persona serán diferentes, pero suelen ser situaciones cuyas demandas sobrepasan nuestros recursos. Por ejemplo, tener que hacer muchas tareas en un determinado tiempo, realizar una tarea para la que sentimos no estar preparados, tratar con una persona que “nos estresa”… Para estos factores externos que sí podemos controlar, podemos usar diferentes estrategias de afrontamiento: técnicas de relajación, herramientas de gestión del tiempo, mejorar nuestra asertividad…

El estrés es uno de los procesos adaptativos más importantes con que cuenta nuestro organismo, e implica a los demás procesos psicológicos y muy especialmente a los emocionales y los motivacionales.

Es, por tanto, una respuesta innata de nuestro cuerpo ante una situación con una alta demanda, que pone en marcha una serie de mecanismos de emergencia necesarios para afrontar la situación estresante y que solamente bajo determinadas condiciones sus consecuencias se tornan negativas.

Así pues, el estrés no es “malo”, sino que es incluso necesario para nuestra supervivencia. Hoy en día es un poco exagerado hacer esta afirmación, dado que nuestra supervivencia está bastante asegurada, pero nuestro cerebro aún sigue trabajando como en la prehistoria. En esa época sí que era necesario para la supervivencia. Imagínate un hombre del paleolítico que de repente se encuentra con un depredador. Necesita reaccionar con estrés, para poner en marcha las respuestas adecuadas para sobrevivir. Actualmente, nuestro cerebro sigue reaccionando como entonces y siendo conscientes de ello tenemos que entrenarle a vivir en el ahora.

La respuesta de estrés es un proceso complejo que se manifiesta en cuatro niveles: cognitivo (pensamientos), emocional (emociones), fisiológico (sensaciones físicas) y motor (conductas). Estos cuatro componentes están presentes en la respuesta del sujeto, pero el papel que desempeña cada uno de ellos puede variar según la situación y la persona. Es decir, en un caso concreto puede que el componente cognitivo (pensamientos) sea el que más peso tenga a la hora de modular el estrés, mientras que en otras situaciones puede que sea el componente emocional, fisiológico o el motor el que dispare y module la respuesta de estrés. Un ejemplo de ello sería el estrés causado por pensamientos de “tengo que dejar de estar estresado/a”.

Enfermedades relacionadas con el estrés

Diversos estudios han encontrado una relación entre el estrés y diferentes enfermedades:

  • Incrementa la vulnerabilidad a cualquier tipo de infección
  • Aumenta el riesgo de patologías respiratorias crónicas
  • Se puede elevar la presión arterial causando enfermedades coronarias
  • Está en el origen de diversas patologías del aparato digestivo
  • Se relaciona con patologías del sueño, como el insomnio
  • Además de la relación con enfermedades autoinmunes como el cáncer
  • Es la principal causa del herpes labial y otras enfermedades víricas
  • Hace que el VIH evolucione más rápidamente hacia el sida
  • A veces causa de ciertas enfermedades mentales como los trastornos de ansiedad y algunas esquizofrenias de las cuales también empeora el pronóstico

Lo que mejor explica esta relación estrés/enfermedad, es una relación indirecta, a través de las conductas relacionadas con la salud. Es decir, cuando una persona esta estresada lleva a cabo conductas “insanas” que son las que en realidad causarían una enfermedad. Por ejemplo, un mayor consumo de tabaco o alcohol, o conducir un coche de forma más arriesgada o comer comida basura.

Un poco de estrés es bueno…

Como ya se ha explicado anteriormente, el estrés es parte inherente en nuestra vida y es incluso necesario para afrontar determinadas situaciones. Existe una relación entre el estrés y el rendimiento que se explica con la Ley de Yerkes-Dodson: para conseguir un rendimiento óptimo es necesario un nivel medio de estrés. Si el estrés es muy bajo no habrá motivación para realizar la tarea y si el nivel de estrés se dispara la persona se bloqueará. Esto aparece reflejado en la imagen siguiente:

Reducir el estrés diario

Existen dos tipos de factores estresantes: los internos y los externos, y para lidiar con cada uno se necesitan diferentes estrategias.

Los factores estresantes internos son, básicamente, nuestros pensamientos, aquellos que al pasar por nuestra cabeza nos causan estrés. Para reducir ese estrés debemos entender que no podemos controlar nuestros pensamientos y por lo tanto no podemos eliminarlos y eliminar el estrés que nos provocan. Entonces, ¿qué estrategia debemos utilizar? Las estrategias de afrontamiento más útiles para recudir el estrés causado por nuestros pensamientos tienen como base el distanciamiento cognitivo. Es decir, aprender a dejar pasar esos pensamientos y no engancharse a ellos. Una de las técnicas más populares para aprender a distanciarse de los pensamientos, es el mindfulness.

En cambio, los factores estresantes externos, son todos aquellos elementos externos a nuestro cuerpo que nos causan estrés. Para cada persona serán diferentes, pero suelen ser situaciones cuyas demandas sobrepasan nuestros recursos. Por ejemplo, tener que hacer muchas tareas en un determinado tiempo, realizar una tarea para la que sentimos no estar preparados, tratar con una persona que “nos estresa”… Para estos factores externos que sí podemos controlar, podemos usar diferentes estrategias de afrontamiento: técnicas de relajación, herramientas de gestión del tiempo, mejorar nuestra asertividad y resiliencia… (conoce el poder de la resiliencia en este artículo)

Nadie nace sabiendo todo y para gestionar el estrés y evitar que nos cause dolor debemos aprender herramientas y mejorar recursos personales que nos ayuden en esa hazaña. A veces podremos aprender y gestionar nuestro estrés solos, pero otras, necesitaremos pedir ayuda de profesionales para ello. Tú decides cuándo es el momento de pedir ayuda. Si tienes dudas echale un ojo a nuestro artículo ¿necesito ir al psicólogo?

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